El diván y la escena

Psicodrama, psicoanalisis y otras hierbas.

Moreno y el psicodrama

Momentos de una creación.

Carlos García Requena[i]

RESUMEN: A través de una revisión de los primeros momentos biográficos de su creador, J. L. Moreno, me propongo rastrear algunos de los acontecimientos que fueron en cierta medida la clave para el desarrollo de los pilares esenciales del psicodrama.

“Históricamente el psicodrama representa el punto decisivo en el apartamiento del tratamiento del individuo aislado hacia el tratamiento del individuo en grupos, del tratamiento del individuo con métodos verbales hacia el tratamiento con métodos de acción.” (Moreno, 1946, p.10).[1]  

“El psicodrama pone al paciente sobre un escenario, donde puede resolver sus problemas con la ayuda de unos pocos actores terapéuticos. Es tanto un método de diagnóstico como de tratamiento.”  (Moreno, 1946, p.177)[2].

No se puede entender el desarrollo de un movimiento si no atendemos a su historia¸ a su contexto y a las motivaciones o fuerzas que lo fueron gestando. Voy a arrancar con aquello de “En el principio fue…”, porque no hay mejor manera de abrir este ciclo de biografías sobre psicodramatistas que hablar de su creador, y entonces no podemos más que remontarnos a la figura de J.L. Moreno como iniciador del “movimiento psicodramático”.

Digamos que “…En el principio fue Moreno…”, y sin embargo, conviene aclarar que pese a la originalidad de los métodos del maestro y de sus propias palabras en las que declaraba “no conocer a nadie que hubiera intentado integrar el teatro y la terapia”, la idea de utilizar el drama como recurso curativo no era nueva. Aunque la historia está plagada de referencias acerca de cómo curanderos y chamanes hacían uso de los elementos dramáticos en sus rituales curativos, no hace falta remontarnos a otros tiempos y culturas para encontrar referencias a éste hecho. A principios del siglo XIX,  Reil y Pinel se acercaban, cada uno por su parte, a la utilización de métodos dramáticos orientados a la terapéutica. Años más tarde, los psiquiatras V. Iljine y N. Evreinov, hacían lo propio desde la Rusia blanca. Sin embargo, ninguno de esos  acercamientos a la relación entre el drama y la psicoterapia alcanzaron nunca el grado de organización y promoción que del que fue capaz Moreno (Blatner, 2005. 11).

Hablar de Moreno es, además de otras cosas, hablar de grupo, dramatización y acción social, pero para entender cómo se articulan éstos vectores trataré de asomarme a lo que fue su vida y su persona centrando la atención especialmente en aquellos acontecimientos clave en los que fueron plantadas las semillas esenciales de su legado. Un periodo de tiempo que va desde su nacimiento (1889), hasta su marcha a los estados Unidos (1925). Treinta y seis años en los que tomarían forma sus ideas y se construirían los cimientos básicos de lo que hoy denominamos herencia del psicodrama.

Jacob Levy Moreno nació el 18 de Mayo de 1889 en Bucarest, aunque según su versión, lo hizo en un barco sin bandera entre el Mar negro y el Bósforo. Su padre era comerciante búlgaro descendiente de la rama judía sefardita y su madre austriaca criada en un colegio católico. Moreno fue instruido por un rabino distinguido de la comunidad judía, lo que supuso un acercamiento temprano a la figura de Dios.

Una de sus anécdotas más célebres cuenta que estando en el sótano de su casa con sus amigos, les propuso jugar a Dios y los ángeles. Él mismo decidió autoproclamarse en el lugar de Dios, que se elevaba sobre una pila de muebles mientras los ángeles danzaban revoloteando a su alrededor. Sobre éste hecho, que él mismo reconocería como decisivo en su vida, cuenta lo siguiente:

De repente, un niño me preguntó: ¿por qué no vuelas?… Estiré los brazos, tratando de hacerlo. Un segundo después me caí y me encontré en el piso con el brazo derecho fracturado. Esta fue, en cuanto puedo recordar, la primera sesión psicodramática “privada” que dirigí”. [3]

Moreno gustaba de reconocer en ese primer encuentro, la primera señal de su “atracción por el plan misterioso del juego[4].

El Joven Jacob vivió en Rumanía hasta los 6 años, momento en el que se mudó a Viena con sus padres y sus cinco hermanos. Allí fueron acogidos por los tíos maternos, quienes brindaron su ayuda económica para que la familia pudiera sostenerse ante la difícil situación que vivían. Dificultades que no tardaron en ir minando la unidad familiar y contribuyeron día a día a un desmembramiento que acabaría con la marcha a Estambul de su padre y una pérdida de contacto entre ambos.

Durante el transcurso de su adolescencia, se entregó a la lectura intensiva de textos de diverso origen y orientación. Desde obras religiosas cristianas y judías, muchas de ellas relacionadas con la cábala y la tradición mística, al contacto con autores de la época como Kierkegard, Swedenborg, Tolstoi, Dostoievski, Whitman y Goethe.

En los años previos a sus estudios, y durante los mismos, Moreno tuvo ya experiencias que actuarían como simiente de lo que más tarde serían los conceptos de sociometría y terapia de grupo.

Hacia 1908, comenzó a jugar y a narrar cuentos a niños en los parques de Viena. Durante el transcurso de esta experiencia comenzó a darse cuenta de que los niños desarrollaban su vitalidad y su inteligencia cuando los inducía a improvisar sobre los temas de los cuentos.  El teatro de Moreno suponía la recreación de un mundo alternativo donde los niños podían expresarse espontáneamente y contar su propia historia. Nacía el concepto de realidad suplementaria[ii].

Hablamos de los últimos tiempos del Imperio Austro Húngaro, en un momento en que gran cantidad de refugiados llegaban desde Europa del Este buscando su fortuna. Es en ese contexto de pobreza y confusión donde Moreno, a través del contacto con niños de la calle, comienza su Teatro de la espontaneidad y empieza a descubrir algunas leyes de la sociometría.

Entre 1911 y 1917 estudió medicina en Viena. Varias versiones circulan en torno a qué es lo que le empujó a acercarse a la medicina y la psiquiatría. La más romántica narra que fue una gitana, que le curó de raquitismo, la que le profetizó que sería un gran sanador.

Durante sus estudios conoció la obra de Freud, y desde un principio apuntó en otra dirección relacionada con la acción social, lejos de divanes y consultas. Moreno relata un encuentro con Freud que sucedió en 1912, donde tras asistir a una conferencia suya se le acercó y le dijo:

Yo comienzo donde usted termina, doctor Freud. Usted se reúne con personas en el espacio artificial de su oficina; yo las busco en la calle y en el hogar, en sus circunstancias naturales. Usted analiza sus sueños. Yo intento infundirles el valor de volver a soñar. Les enseño a ser Dios”. [5]

En ésta frase queda resumida la esencia de la diferencia de concepciones entre Freud y Moreno. Mientras el vienés trabajaba con el individuo sobre el diván, Moreno puso su atención en grupo y se echó a la calle para trabajar con la interacción del drama como medio de propiciar el desarrollo del individuo en su potencialidad. Si bien Freud confió en la atención y el análisis a las manifestaciones del inconsciente, Moreno se aventuró a explorar ese mismo lugar de lo oscuro a través del juego de  roles.

Estas y otras diferencias no fueron prejuicio para que, aunque el psicoanálisis y el psicodrama hubieran corrido tanto tiempo por caminos distintos, pudieran converger más tarde en un punto de encuentro donde interaccionar y transformarse creativamente. Ese cruce de caminos pudo producirse años después en la propuesta del Psicodrama Freudiano que impulsaron los Lemoine[6].

En 1910, Moreno comenzó a escribir sus ideas filosóficas acerca de Dios, el teatro y otros asuntos. En plena vorágine de inspiración religiosa, escribió un manifiesto llamado “Invitation to an Encounter”, título que constituye una de las primeras apariciones del término Encuentro en sus textos, y del que a modo de manifiesto, acostumbraba a citar el siguiente fragmento:

“Una cita de dos: ojo a ojo, cara a cara.

Cuando estemos cerca te arrancaré los ojos

Para suplir los míos

Y tú me arrancarás los míos

Para suplir los tuyos

Y te veré con tus ojos

Y tú me verás con los míos[7]

La intención era explicar la inversión de roles como método para intensificar la autenticidad de un encuentro, pero en éstas palabras ya iban escritas las claves de lo que serían el psicodrama y la teoría de roles a la que contribuyeron tantos otros autores entre 1930 y 1950.

Moreno se interesó por el concepto de rol desde 1923, y aunque sólo sea por no olvidarlo, merece la pena recordar aquí una de sus reflexiones sobre el amplio alcance de un teatro de repercusión social y la función del rol:

“Comenzando por el mundo social, la función del rol consiste en penetrar el subconsciente para darle orden y forma”[8]

Moreno se preocupó siempre por cómo su aportación podía ayudar a las personas a sentirse más libres. Su estrategia se basó en partir del nivel grupal y la interacción social, para acercarse al subconsciente. En esas mismas palabras se destacaba ya el potencial terapéutico de una intervención que venía a dar orden y forma.

La dramatización improvisada y pública despertaba la espontaneidad de las personas y les facilitaba el experimentar aspectos inhibidos de sí mismos a través de los roles.  Era en esa brecha propiciada por el juego, que el individuo podía despegarse por un momento de las identificaciones cotidianas y explorar otras posibilidades, lo que suponía una apertura y la posibilidad de que aspectos que previamente estaban separados, se pudieran integrar en la conciencia. En ese nuevo encuentro con la escena, el individuo tenía la posibilidad de revivirla de otra manera y reestructurar su propia realidad subjetiva, propiciando por tanto un nuevo orden a las cosas. Era en ese momento donde las fronteras psíquicas desaparecían,  que diferentes aspectos del cuerpo se reunificaban y ocurría una liberación emocional. Moreno exploró ese proceso catártico[iii] ligado al teatro y entendió que más allá de la descarga emocional y corporal que producía alivio, era necesario un procesamiento psíquico posterior de la experiencia. La elaboración o integración posterior era el momento en que lo vivido venía a reordenar el mundo psíquico de las personas.

Al tiempo que iba dando forma a éstas ideas relacionadas con el teatro y su aplicación en la terapéutica, iba produciéndose la maduración de su concepto de dios. En los muchos textos que durante ésta época dedicó a conformar su visión teológica, Moreno iba dejando constancia de que los seres humanos participamos de la unidad del cosmos, que es expresión de la acción y naturaleza de Dios. Frente a la idea de un supremo trascendente y ajeno a nuestro ser, estaba la convicción de que en su nivel esencial, la existencia entera es Dios (Inmanencia), de la misma manera en que todas las células de nuestro cuerpo son expresión de nuestra fuerza vital. Sin embargo, siempre tuvo claro que la participación en ese plan divino nunca podía ser un movimiento mecánico, sino la manifestación individualizada en cada uno de nosotros de la esencia pura de Dios: la espontaneidad y la creatividad[iv].

El concepto de Dios-yo está ligado al imperativo moral de asumir mayor responsabilidad en la co-creación del mundo, y en ese sentido, Moreno fue una persona implicada en la acción social. Movido por la creencia de tener una misión religiosa que cumplir, y describiéndose a sí mismo como joven profeta, fundó con unos amigos la religión del encuentro. El grupo se echó a las calles y se dedicó a ayudar fervientemente a los desamparados. Más tarde relataría:

Barbados, no estábamos quietos jamás; caminábamos sin cesar ni rumbo fijo, nos deteníamos frente a quien quiera, le estrechábamos la manso y conversábamos con él. Compartíamos lo único que teníamos: nuestra pobreza[9]

Su interés por las personas de la calle lo puso en contacto con un grupo de prostitutas vienesas que eran explotadas por un lado y hostigadas por los organismos oficiales por otro. Comenzó a trabajar con ellas, y observó que por el simple hecho de estar juntas y compartir sus sufrimientos y deseos, se iba produciendo un efecto sanador. Estos grupos de “autoayuda” fueron el  comienzo de la psicoterapia de grupo, término que acuñaría en 1932 durante su periplo americano.

Cuando comienza la guerra decide colaborar como médico en el campo de refugiados de Mittendorf, donde vivían los italianos de origen austríaco que habían sido deportados del Tirol. Durante éste periodo, pudo presenciar cómo, a pesar del clima de profunda degradación en que vivían aquellas personas, eran capaces de los actos más sorprendentes. La mentalidad social de Moreno impulsó su interés acerca de cómo, el simple hecho de conceder ciertas libertades a las personas que allí vivían, podía mejorar la vida de reclusión. La libertad de elegir con quién vivir o las tareas a realizar, mejoraba la vida de las personas dentro de un marco de por sí inhumano. Esta experiencia fue sin duda definitiva para fraguar las bases de la sociometría que habían comenzado a conformarse en sus experiencias anteriores con niños.

Abandonemos por un momento la historia para hacer un rodeo por lo que más tarde sería la sociometría moreniana. Los grupos suelen poseer una estructura formal donde existen líderes y roles asignados, pero también una estructura informal, determinada por las preferencias personales. La sociometría se encarga de medir esos patrones. Moreno pensaba que la dinámica informal que gobierna los grupos es muy importante por sus efectos en la moral y la eficacia de grupos sociales, por lo que idear métodos para conocer esas preferencias era para él una manera de contribuir a la creación de una sociedad más sana, auténtica y espontánea en lo interpersonal.

Tras terminar sus estudios en 1917, Moreno se traslada a Bad Wolslau, donde ejerce la medicina y se transforma en el wonderdoktor o medico mago. Es también en ésta etapa de enorme efervescencia de su potencial creativo cuando escribe probablemente su libro más importante, Las Palabras del Padre (Moreno, 1721b).

Viena era una de las capitales culturales del mundo. Pese al tiempo que dedicaba a sus estudios y la asistencia en el campamento de refugiados, Moreno disponía de tiempo para asistir al teatro y codearse con intelectuales y artistas locales. Fruto de éste contacto con el teatro y como alternativa al guion establecido del teatro tradicional, fundó la que fue la primera compañía de teatro improvisado, que desde un principio estuvo orientado a tratar de producir un beneficio social a través del drama. Llamó a su método “teatro espontáneo” (Steigeiftheater).

El 1 de Abril de 1921, en una pequeña sala de Viena, cuando el mundo políticamente conmocionado se encontraba en una encrucijada, realizó su primera sesión psicodramática, que trató acerca de cómo resolver las secuelas de la inestabilidad surgida tras la primera guerra mundial. La invitación de Moreno a que los asistentes ocupasen el papel de líderes mundiales produjo controvertidos y variopintos comentarios entre la audiencia. Para Moreno, éste día representa el nacimiento del psicodrama.

Durante los 4 años siguientes, la compañía de teatro espontáneo siguió experimentando métodos interactivos y de improvisación. Como ejemplo de esos experimentos dramáticos, podemos destacar el famoso periódico viviente (“Journal Vivant”), una forma de representación donde los asistentes representaban hechos noticiosos.

Sumida en el caos, la Austria de la posguerra no podía sostener los experimentos de ciencia social aplicada y teatro terapéutico de Moreno. La mentalidad privada de los europeos, no terminaba de tolerar la propuesta arriesgada del psicodrama, que trataba la intimidad de los sujetos en el encuadre público del grupo. En 1925, Moreno decide dejar la vieja Europa y emigrar a otro país que le ofreciese más posibilidades a la hora de desarrollar sus ideas. Aunque en un primer momento pensó en marcharse a Rusia, donde recordemos que se estaban dando diferentes movimientos relacionados con el teatro y la terapéutica, finalmente optó por cruzar el atlántico rumbo a Estados Unidos. Las razones que finalmente imperaron para tal decisión las esgrimía el mismo Moreno al argumentar que la mentalidad americana estaba más abierta a la innovación y orientada a la acción[v], lo que se alineaba con la propuesta psicodramática.

Durante los años de máxima producción en Europa, Moreno es siempre apoyado por Mariana, su compañera. Sin embargo, la decisión de Moreno de marcharse a Estados Unidos marcará el inicio de un periodo que terminará con la separación de ambos.

Si Moreno no hubiese decidido seguir su intuición de cambiar de aires, no sabemos cuál hubiera sido su destino ni el del psicodrama en un viejo continente que años más tarde se vería convulsionado por las persecuciones a judíos durante el régimen nazi. Pero la historia fue así, y por suerte el psicodrama pudo seguir su camino en tierras de ultramar.

Como dije al principio, mi objetivo en éste escrito era “biografiar” a Moreno y al psicodrama durante sus etapas iniciales, de manera que llegados a éste punto, considero cumplido el propósito. Pero antes de cerrar el presente capítulo, y sin prejuicio de que haya otros, me queda tan sólo esbozar ligeramente algunas líneas de lo que después estaría por venir y que en definitiva, será relevante para el desarrollo y divulgación de sus ideas.

Durante el resto de su vida, Moreno siguió experimentando con los métodos de teatro espontáneo, a la vez que trabajó en varios hospitales donde implantó el trabajo con grupos y el psicodrama como opción terapéutica. En 1932 acuñó el término de terapia de grupo, y en adelante siguió cultivando su interés por todo tipo de innovaciones terapéuticas relacionadas con el grupo y la creatividad.  Se encargó de desarrollar los conceptos básicos de su obra, que ya habían sido esbozados durante su primera etapa. Sus ideas acerca de la teoría de roles, la sociometría, la espontaneidad y el teatro terapéutico terminaron de conformarse y pasaron a aplicarse en diversos ámbitos.

En 1950, Moreno contaba ya con multitud de discípulos. Su obra se extendía gracias a muchos colaboradores entre los que cabe destacar a la que más tarde fue esposa y compañera durante los últimos días de su vida: Zerka T. Moreno.

Jacob L. Moreno falleció a la edad de 85 años en su residencia de Bacon, New York. Tras varios infartos, dejó de alimentarse y fue debilitándose gradualmente hasta agotarse el 14 de mayo de 1974. Él mismo propuso las palabras que más tarde figurarían en su epitafio: “El hombre que volvió alegre y risueña la psiquiatría”.[10]

“Nuestro encuentro es la meta sin cadenas”…

…“en un lugar indeterminado, en un momento indeterminado… la palabra indeterminada al hombre indeterminado”…[11]


[i] Psicólogo.  Miembro del Aula de psicodrama. Atención en drogodependencias.

[ii] El término de realidad suplementaria hace referencia a la posibilidad de crear un espacio donde a través del juego se puedan representar las fantasías, deseos e ilusiones no vividas. Para Moreno, la realidad suplementaria es una verdad del sujeto.

[iii] En contraste con la obra aristotélica “Poética”, donde se propone la catarsis a partir de una obra terminada mucho antes por un autor ajeno a la representación, Moreno propone que la tragedia, para ser un material verdaderamente catártico debe ser creada por los actores-pacientes a partir de su propia materia psíquica. En la medida en que el guión está establecido y no deja espacio a la espontaneidad, la posibilidad catártica se reduce. El creador del psicodrama habla de una catarsis interpersonal, que se desplaza al escenario y a todos los participantes del drama.

[iv] La dicotomía entre espontaneidad y mecanicidad está presente a lo largo de toda la obra de Moreno, desde sus concepciones teológicas, hasta sus elaboraciones más prácticas y aplicadas al psicodrama. En el modo de robotización, el ser humano está instalado en un estado de pereza intelectual o complacencia en el que se aferra repetitivamente a formas de funcionamiento mecánicas. Al conjunto de esas tendencias culturales “seguras” pero adormecedoras del sujeto, Moreno le llama “la conserva cultural” (sinónimo de conservadurismo y tradición alienante). Frente al funcionamiento robótico, el autor opone lo espontáneo como un proceso físico, mental e interpersonal que conduce eficazmente a la creatividad. Implica una libertad genuina y la capacidad para responder de diferentes maneras como forma de adaptación a la vida. Si la espontaneidad es la disposición a crear, la creatividad es el acto mismo de creación.

[v] El psicodrama es un vehículo diseñado para emplear la energía de la acción, obrando en beneficio del insight. El acto dramático es catártico en sí mismo y permite que en ese pasar al centro del escenario aparezcan tendencias, conductas y motivaciones bajo las luces de la conciencia. La acción física puede ayudar a producir ciertas experiencias que serían imposibles de evocar a partir de un sentimiento,  una idea o la misma palabra. La acción dramática es por tanto el vehículo que se utiliza para la exploración del sujeto.


Bibliografía general:

  • Moreno, J.L. (1946). Psicodrama. Ed. Hormé.
  • Blatner, A. (2005). Bases del psicodrama. Ed. PAX MEXICO. México
  • Lemoine, P. y Lemoine, G. (1979). Teoría del psicodrama. Ed. Gedisa.
  • Zuretti, M. y Bustos, (2006). Historia del psicodrama. D. Centro Zerka T. Moreno. Disponible en:  http://www.institutoderelacioneshumanasvitoriagasteiz.com
  • Pérez Silva, R. “La visión de J.L. Moreno en el siglo XXI: Técnicas creativas e intervención comunitaria”. Conferencia. Granada. 2010. Disponible en: http://fidp.net/content/conferencia-inaugural-rafael-perez-silva
  • Obst Camerini, J. El psicodrama de Jacob Levy Moreno [en línea]. Buenos Aires: Centro de Terapia Cognitiva y Terapia Racional Emotiva Conductual, 2002 [consultado: Nov.12, 2010]. Disponible en: http://www.catrec.org/psicodrama.htm

 

Citas  referenciadas:

[1] Moreno, J.L. (1946). Psicodrama. Ed. Hormé, p.10

[2] Moreno, J.L. (1946). Psicodrama. Ed. Hormé, p.177

[3] Moreno, J.L. (1946). Psicodrama. Ed. Hormé p.23

[4] Moreno, J.L. (1946). Psicodrama. Ed. Hormé, p.24

[5] Blatner, A. (2005). Bases del psicodrama. Ed. PAX MEXICO. México, p. 14

[6] Lemoine, P. y Lemoine, G. (1979). Teoría del psicodrama. Ed. Gedisa.

[7] Blatner, A. (2005). Bases del psicodrama. Ed. PAX MEXICO. México, p. 13

[8] Blatner, A. (2005). Bases del psicodrama. Ed. PAX MEXICO. México, p. 143

[9] Blatter, A. (2005). Bases del psicodrama. Ed. PAX MEXICO. México, p. 13

[10] Blatner, A. (2005). Bases del psicodrama. Ed. PAX MEXICO. México, p. 20

[11] Moreno, Moreno, J.L. (1946). Psicodrama. Ed. Hormé. P. 1

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